26 de enero de 2004

(El respiro es sólo un pretexto)

Como en un rito
como en una ceremonia
te mostraste ante mí
dejando correr la música fuera de nosotros
tu alivio y tus piernas me cobijaron
sin ningún milímetro por descubrir 
nos vestimos de tacto con la fuerza que jamás volverá
Al fin te soltaste el cabello y las riendas,
la libertad por la que tanto luchamos nos encontró;
abrazado a tu pecho 
me amaneciste los labios
tu rostro 
infinito. 
Completos 
tus ojos míos vi,
Diciendo tú: No quiero que nos vayamos nunca
Diciendo yo: No quiero desasirme de la belleza
Diciendo en el mismo instante: No quiero desarmarme.

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