26 de agosto de 2004

Interludio


Estoy en el punto cero;
me estoy ahogando,
bebo el agua de la piel de nadie,
mi pulso
baila
entre tinieblas.

Música erupciona en mi cerebro
y me recuesto lejos de la tierra;
dialogo con ella y un peso ensimismado
me absorbe y devora
como un diluvio.

Tatúo en mis palmas
un nombre no aprendido
y fumo mi carácter
con sombras que me circulan.

Mi fermentación me dice
que no debería abusar,
el cielo vil se ennoblece
e igual que la cólera,
ataca la oscuridad,
nubes indefensas
y aullidos en coro;
estremecidos,
se comen unos a otros,
se muerden,
se destrozan
y no existen caníbales
sino hermandades.

El cielo en lo infinito
se desangra y se diluye,
comienzo a sortearme
para no atarme;
mis inhalaciones ya son lentas
como el aire que nos atraviesa;
somos entonces castigos y testigos.

Quien nos vigile
estará contento de preocuparse,
y el que nos tema estará -hasta ahora-
dispuesto a enfrentarnos;
porque somos nadie,
porque todos somos.

Perforo el sonido
de una hueca imploración
para saber que entre justos y dementes
sólo existe un mandante,
el mismo de quien somos esclavos,
rendidores de tributos,
a quien rendimos homenaje.

Si nos paramos entre selvas
y bajamos hasta las piedras aquellas,
no me sugestiones más.
permite que te ofrezca
la despedida que no nos hallará,
una manera de cinta
para atar el telón de nuestra vida
-la nave de nuestra fantasía-,
para que con dinamismo
ultrajemos lo que no hemos sido,
lo que ellos han querido.

Vamos, ven, gira y da vueltas,
y no me dejes en esto solo
que no urge terminarlo ahora todo.

Date cuenta,
nos une esto
para eliminar un monstruo,
para saborear el rostro
y jugar a ser otro.

En quién nos verteremos
seré sueño o divulgador
portaré arma o estandarte.

Vamos que esto no se acaba,
vamos que esto nos atrapa;
entre la lluvia y el smog
nos hemos acostumbrado
pero sin besarnos,
y nos vendemos balazos,
pero esto nos está encariñando. Venga.

Tómalo más fuerte,
que las debilidades no se ofendan,
que las ingenuidades se sorprendan,
y con todo tu ser, y con todo mi ser,
ya no nos tumbemos,
que no nos sometan,
no, no.

No nos encuentra el alba, -va-;
es un canto de muertos,
y todos están despiertos;
es la punta de la risa lo que los detiene,
es una carta encima
lo que los sostiene.
Y el viento sopla,
me hace burbujas, figuras;
nuestra gente se atora,
permanece en el tumulto,
en lo que los hace el embrujo.

Respira,
no te vayas,
acércate,
siéntate,
descansa;
no te apresures
para todos alcanza,
ya no te asustes
de la muerte no pasa,
de tu última sonrisa no pasa.

La peste no nos brinca,
nos persigue atenta,
pero le hemos tendido una trampa
del recuerdo más grande
al desierto más seco;
es el polvo lo que nos hace falta,
a quien le hacemos falta.

No vamos a la mitad,
pero cuál es el final;
a mi enemigo no lo encuentro;
y esto es aburrido
si él no está conmigo,
y parezco dormido
si el está contigo.

Tú no me pides que te rescate,
yo no soy príncipe,
ni todopoderoso,
pero soy guerrero
en esta furia de ciudad.

Salvémonos y liberémonos,
el futuro próximo
no sé si sea más duro,
pero es seguro que tardarán
en comernos los gusanos;
tardaremos en transformarnos
en los que están del otro lado
-del otro lado-,
en los que ya cruzaron las puertas,
en los que un baño de aire de vida
los perdió, olvidó, los desterró,
aventados al espacio
y hundidos luego.

Los he visto por aquí
entre pedimentos,
entre lamentos;
en el silencio se vuelven crueles
y creen saber todo,
haber pasado todo,
río de aquellos que juran
y en la velocidad
van,
destazando
lo poco
que queda

Qué bueno que estamos juntos
sin saber exactamente quienes somos,
sin revolcarnos en lo que creemos sueños,
sin involucrarnos;
andando en los caminos de lo insólito,
sin darnos aún razón,
sin realarmarnos,
bien nos esforzamos
porque de nuevo empiece la cuenta.

Las teclas se presionan fuerte
pero no hacen ruido, se guardan,
se forja mestiza orfandad
con ese concreto
de las paredes que se van alejando,
en los personajes que van surgiendo,
y los inmensos castigos
que irán desapareciendo. Escucha
¿con cuántas caídas pagas tu pecado?
¿con cuántas tiradas vuelves a serlo?

No deberías dormir,
tú deberías seguir,
¿acaso no has aguantado?;
no hay eco que te moleste,
ni sigilo que te interrumpa.
Te has quemado,
tú, sólo descansa,
pero no te pares, sigue.

Si tú quieres levántate y salta,
y toma otro bocado de esto,
que es tu suerte,
de esto
que casi siempre has amado,
has nombrado,
has tensado;
lo sujetas implacable,
todo un arte,
y no te transmite nada
mas que fiel satisfacción...
y luego paz.

Tras el oleaje se difunde paz,
y las aves vuelan
a protegerse,
a intentar hospedarse debajo de tus alas.

El uno al otro nos velamos
hasta poder llegar a observarnos
en el lugar donde entrar queremos,
en donde no queremos olvidar;
el riesgo descobija los nervios,
nos redescubre, y te sé,
y sé claramente dónde encontrarte,
por eso yo retoño,
por eso aún no me seco,
y te uso de complemento
junto a la noche mía.
Hasta mañana.


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