10 de julio de 2006

No vuelvas


No vuelvas, no tiene caso, no hace falta ¿no ves que así estamos bien? ¿Para qué, dime tú? ¿Qué es lo que obtendrías? ¿Qué es lo que me quedará después? Podemos continuar insistiendo en que todo aquí está a gusto.

Yo no sé si hemos llegado a esclarecer cuándo es que nos hacemos falta, pero en esta vida que va ya los dos vamos por separado, sin llorar y sin forzarnos a olvidar.

Si regresas moverás todo: mis hábitos, mis costumbres, las cosas que no te he dicho y las veces que he hablado de ti.

No molestes a las horas que nos alejan. En un mundo tan grande hay más lugares que el espacio que tendrías a mi lado.

¿Si nos vemos de nuevo -si nos llegamos a abrazar de nuevo y de algún modo logramos extender ese beso impar al que le hemos dado tantas volteretas-, cuál sería el fruto al final?

El problema verdadero es tu vuelta. Es decir, vienes, me ves, te adentras, me desenvuelves, decimos "mucho gusto, encantado” y después nos despedimos con el disfrazado "hasta luego". Hasta aquí: perfecto; pero ¿y los días siguientes? ¿y si nos extrañamos de más?

No, no vuelvas, muchas gracias, pasa de mí. Tómame a la ligera, con el tiempo ya no va a ser igual, será más grave. Sáltame de tu destino. Si has de viajar, desvía el camino a casa. Di que te perdiste, que cambiaste los planes, que no quieres hacerme daño alguno.

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