27 de enero de 2009

Pez dorado


De pequeño me dieron un frasco oscuro como regalo de cumpleaños que ni tenía envoltura ni tenía moño. Me prometieron que dentro había un pez dorado. Ansioso, quise sacarlo para verlo. Empecé a vaciar el frasco que apenas podía sostener. El agua caía y caía, caía y caía, y el pez ni siquiera se asomaba. Terminé vaciando toda el agua y el pez dorado no salió. Finalmente rompí aquel frasco contra el piso, y ahí, encima del barro roto, en lágrimas, estaba el pez dorado, aleteando, pidiendo vivir.

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