9 de mayo de 2013

Huérfana

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Yo nunca te conocí mamá. Sin embargo, con la manera en que la familia te ha descrito en todos estos años, podría decir tu historia; una historia hecha de fragmentos que yo no viví, pero que escuché desde niña con más atención que los cuentos populares. Tu historia la sé como si hubiera visto una misma película un millón de veces. Sé los detalles, los personajes, los escenarios. Te conozco mejor que todos los que vivieron contigo.

Sé tus gustos, tus enojos, tus anhelos y tus quebrantos... y, principalmente, sé todo lo que tú esperabas de mí.

Me prepaste el camino desde que supiste que me tendrías, no sólo para mis primeros años, incluso para cuando fuera a la secundaria y la vida me confundiera una y otra vez. Es más, puedo creer que previste lo que me pasaría en estos días.

He leído también el diario de cuando conociste a papá, cómo fue que se enamoraron y cómo desde siempre no le agradó del todo a la abuela. Tengo también todos y cada uno de tus discos favoritos y, como un tesoro, guardo tus grabaciones de cuando ganaste aquel concurso de canto y te prometieron la fama.

Cada vez que vuelvo a repasar tus fotografías, me admiro de cuán bonita eras... dicen que desde pequeña te gustaba jugar a ser actriz, o cantante, o mamá.

No sé si todas las mamás muertas sean así de perfectas como tú. No sé si todas las mamás se atrevieran como tú a dar la vida por su hija. Es posible que por el hecho de no tenerte te haya idealizado de más. Es posible que tu despido de este mundo a tan temprana edad sea una especie de ficción romántica que te inmortaliza como una musa eterna, siempre viva en los recuerdos y en el comportamiento de quienes convivieron contigo.

Lo que verdaderamente heredé de ti son los sueños, los anhelos de llegar a quedarme en la memoria de todos. Pero sólo queda en deseos pues nadie lleva algo de mí, por el contrario, ahora estoy más alejada que nada. De todos. Más huérfana que nunca.

No te reclamo nada, madre, ni el tiempo ni el espacio en el que pudimos haber hecho tanto; tú eres lo que más admiro, lo que yo no fui. Ni podré ser. Nunca he comprendido por qué si tú lo hiciste, yo no pude dar la vida por mi hija. Hay días como hoy en los que tu nieta y tú deberían vivir, y no yo.

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